7.1. 1º de julio

  • José Carlos Mariátegui

 

         1Entramos en el mes de julio.
         Para que no lo dudemos sale a las calles en estos instantes una circular del señor don Isaías de Piérola. Una circular que plantea de hecho la nulidad de las últimas elecciones presidenciales. Una circular que propone la convocatoria a nuevas elecciones y la constitución de una Junta de Gobierno. Una circular que reprocha la elección directa por el Congreso. Una circular que abre solemnemente el debate sobre el problema político.
         No estamos ya en una hora de conjeturas y de suposiciones. El señor de Piérola, a nombre del partido demócrata, invita a los políticos a la concordia. Y habla de una junta de gobierno encabezada por el presidente de la Corte Suprema, señor Barreto. Por el mismo señor Barreto que suena en los comentarios metropolitanos como posible candidato transaccional.
         Naturalmente, esto de la Junta de Gobierno les suena mal a los leguiístas y a los aspillaguistas.
         —¡Eso no! —exclaman. ¡Eso de la Junta de Gobierno no es constitucional!
         Pero cambian al leer estas palabras:
         —Debemos esperar que el Congreso resuelva con cordura y sagacidad el problema; pero debemos combatir toda intención de que elija directamente. Prorrumpen entonces, unos y otros, en iguales gritos de asentimiento:
         —¡Muy bien dicho! ¡Debemos combatir toda intención de que el Congreso elija directamente! ¡El Congreso tiene que elegir entre los dos candidatos que han obtenido mayor número de votos!
         Y se enciende la discusión. Para los leguiístas la proclamación del señor Leguía es inevitable. Para los aspillaguistas la proclamación del señor Aspíllaga, es segurísima. Para los partidarios de la solución parlamentaria, ni el señor Leguía ni el señor Aspíllaga pueden llegar a la Presidencia de la República. Para los demás, la Junta de Gobierno es la fórmula ideal.
         Y, de repente, interrumpe la discusión una pregunta que siembra grimas, zozobras y desazones:
         —Bueno; pero, ¿qué hay de la conspiración? ¿Qué hay de la alarma de la otra noche? ¿Qué hay del temor de que uno de estos días amanezcamos entre tiros y alborotos?
         La discusión cesa por un instante. Pero, enseguida, se reanuda bulliciosamente. Gritan las gentes que se está pasando la oportunidad de un golpe subversivo. Que las juntas preparatorias nos inmunizarán contra todo plan subversivo. Y que no faltan sino trece días para que las juntas preparatorias empiecen.
         Trece días no más.


Referencias


  1. Publicado en la La Razón, Nº 44, Lima, 1 de julio de 1919. ↩︎