4.7. Arenga demócrata

  • José Carlos Mariátegui

 

         1No solo se anuncia un manifiesto de los futuristas. Se anuncia también un manifiesto de los liberales. Y se anuncia, sobre todo, un manifiesto de los demócratas. El manifiesto de los demócratas, según las versiones callejeras, viene hacia nosotros como un tren. No hay medio de detenerlo. Y apenas si hay posibilidad de que se descarrile.
         El manifiesto de los demócratas no es, por supuesto, un manifiesto inesperado. Es, antes bien, un manifiesto de abono. Los demócratas tenían, lo mismo que los futuristas y que los liberales, un programa electoral. Ajustaban exactamente a este programa sus pasos, sus actitudes y sus palabras. Y no se salían de él por nada del mundo. Pero ahora, les pasa con su programa idéntica cosa que a los futuristas y a los liberales con el suyo. No pueden cumplirlo. Y, claro, se ven obligados a cantarle un responso. Y a cruzarse de brazos en espera de lo sorpresivo, de lo insólito, de lo repentino.
         Sabemos que va a haber en el manifiesto, naturalmente, entonación de proclama. El señor don Isaías de Piérola no va a aleccionar a los ciudadanos. Va a arengarlos en el nombre de Dios y la Patria. Porque no es posible que el señor don Isaías de Piérola se olvide de invocar a Dios y la Patria. Aunque el señor Pardo, que no sabe a veces ser un gobernante circunspecto, vuelva a hacerle huesillo a hurtadillas.
         Y sabemos algo más.
         Sabemos, verbigracia, que el señor de Piérola va a ponerle otra vez en la frente al partido demócrata su lema de combate:
         —¡Voto libre!
         Y sabemos, por ende, que esto es lo que no va a contentar a las gentes. Las gentes no quieren que les hablen abstractamente del voto libre. Están convencidas de que eso del voto libre no es verdaderamente hacedero en el Perú. Y de que es casi siempre una frase convencional. Nadie pone en duda que los demócratas la pronuncian seriamente. Nadie pone en duda que la pronuncian devotamente. Pero ello no basta para que las gentes se emocionen escuchándola. Las gentes no desean que se mencione principios, sino que se mencione nombres propios.
         Y, si nos atenemos a un rumor que nos trae el viento, el señor de Piérola lo advierte perfectamente. Porque ocurre, si creemos el rumor, que el señor de Piérola se propone preceder su arenga democrática de una exposición sensacional. La exposición de todas las conferencias y negociaciones políticas en que ha tomado parte durante los últimos meses de trajín partidarista.
         El señor de Piérola, como ustedes recuerdan, es un declarado enemigo de la política secreta. Aborrece las reservas y las mentiras diplomáticas. Gusta de hablar en voz alta. Y de aquí proviene su proyecto de asombrar al país con un documento emocionante que cuente todas las conspiraciones de la política. Que eche al agua a los partidos y a sus leaders.
         El público nos pregunta con una ansiedad golosa:
         —¿Realizará su proyecto?
         Y nosotros no podemos darle una respuesta definitiva. Depositamos mucha confianza en la firmeza y el empuje del señor de Piérola para llevar a cabo lo que se le antoje. Pero comprendemos que el señor de Piérola, a pesar de ser el señor de Piérola, se halla sujeto al Destino…


Referencias


  1. Publicado en El Tiempo, Lima, 8 de enero de 1919. ↩︎