3.22. Canta y Pallasca

  • José Carlos Mariátegui

 

         1Dos ilustres provincias de la república —Canta y Pallasca— tienen puestos los ojos en el doctor Lorente y Patrón. Ambas provincias conocen cabal y detalladamente los merecimientos, gracias y excelencias del eminente médico, travieso psicólogo, afamado folklorista y novísimo secretario del partido liberal. Ambas provincias desean que nuestro grande y buen amigo las represente en la Cámara de Diputados. Ambas provincias se muestran igualmente enamoradas de él.
         El doctor Lorente y Patrón se halla, pues, en una condición única. Acaba de aparecer en la escena política. Acaba de inocular la savia de su pensamiento joven y moderno en el partido liberal. Y ya cuenta con una credencial segura de diputado. Sus correligionarios y admiradores de Pallasca y de Canta se la ofrecen al mismo tiempo. Sobre su escritorio de alienista y político fraternizan amontonados los telegramas de Pallasca y Canta.
         El caso es excepcional. No es frecuente que dos provincias coincidan en sus amores electorales. Si el doctor Lorente y Patrón tuviera psicología de criollo, se enorgullecería y se insuflaría. Comenzaría a hablar con solemnidad y estiramiento. Se investiría de la mayor gravedad y de la mayor trascendencia. Y se sistematizaría en el uso del chaqué y el hongo.
         Pero ocurre, asimismo, que el caso trae aparejados a sus motivos de complacencia otros muchos motivos de preocupación y de quebradero de cabeza para el doctor Lorente y Patrón. El doctor Lorente y Patrón no puede aceptar los favores de las dos provincias. No puede prolongar las dulzuras y los contentos frívolos de un flirt simultáneo. Se halla en la situación de una dama cortejada por dos galanes ansiosos de formalizar rápidamente el noviazgo. Y surge para él un dilema sentimental: Pallasca o Canta. Canta o Pallasca.
         Sus amigos se lo preguntan a cada rato:
         —¿Canta o Pallasca? ¿Pallasca o Canta?
         Y el doctor Lorente y Patrón no sabe coordinar aún los términos de su respuesta.
         Piensa un instante en Pallasca.
         Y recorre mentalmente su historia. Se fija en que Pallasca es una provincia de muy buena sombra. El señor Tudela y Varela —ese señor Tudela y Varela que tanta suerte ha tenido en su carrera política— era diputado por Pallasca. Como diputado por Pallasca ingresó en el Parlamento donde acabó un día transformado en leader. Comenzar de diputado por Pallasca puede significar, pues, la posibilidad de concluir de embajador en los Estados Unidos. Y de candidato a la Presidencia de la República. El doctor Lorente y Patrón lo medita con aire serio.
         Y piensa otro instante en Canta.
         Canta es una provincia de mucha fama. Es una provincia de índole bravía, de ánimo denodado y de temperamento combativo. Es, además, una provincia dividida por dos inconciliables corrientes electorales. Adueñarse del afecto de esa provincia, crear en ella un proselitismo fervoroso y unificar su sentimiento constituiría una empresa grata al espíritu del doctor Lorente y Patrón que, no en balde, es un espíritu batallador de socialista.
         En ambas provincias la lucha presenta, pues, señalados atractivos y extraordinarias sugestiones. Si el doctor Lorente y Patrón se llevase de nuestro consejo, lanzaría en ambas, su candidatura. Y, probablemente, si se llevase de sus inclinaciones a la aventura y a la audacia, también lo haría.
         Pero tiene que portarse como un hombre serio, circunspecto y prudente. Tiene que sujetarse al dictamen del partido. Tiene que respetar las conveniencias de su política general. Y tiene que elegir el camino más llano, más recto y más seguro…


Referencias


  1. Publicado en El Tiempo, Lima, 28 de diciembre de 1918. ↩︎