5.9. Nuestra neutralidad

  • José Carlos Mariátegui

 

         1Estamos a punto de arrepentirnos totalmente de habernos quejado algunas veces contra el señor don Enrique de la Riva Agüero, gentil hombre peruano y príncipe belga, varón de noble virtud y gallardo continente y caballero de cortesanas exquisiteces. Empieza a enseñorearse en nuestra conciencia un arrepentimiento muy acendrado por haberlo motejado acérrima y malignamente. Se abre paso en nuestra ánima una compunción muy contrita por haber unido el nuestro a los clamores que sonaron en el Perú para pedir que se fuera del Palacio de Gobierno quien es dueño de tantas prestancias y tantos merecimientos.
         En estos momentos en que las opiniones sobre la política internacional del Perú se definen y se aclaran, sentimos la persuasión absoluta de que no ha sido en modo alguno el señor Riva Agüero el diplomático germanófilo que nos hacía responder a la procacidad alemana con genuflexo comedimiento. El señor Riva Agüero no ha sido el responsable de los eufemismos y timideces de la cancillería. El señor Riva Agüero no ha sido el partidario de la neutralidad peruana a todo trance y a todo precio.
         Solo el señor Pardo es el porfiado autor de la política internacional que tan tundida y maltrecha ha dejado la palabra ardorosa y elocuente del señor Cornejo. Solo el señor Pardo es el partidario de esa neutralidad obstinada.
         Injustamente se soliviantaban las gentes para exclamar levantando las manos al cielo:
         —¡Este Riva Agüero!
         Y más injustamente pronunciaban esta frase exasperada y clamante:
         —¡Hasta cuándo va a ser presidente del consejo de ministros!
         El señor Riva Agüero no nos gobernaba. Nos gobernaba el señor Pardo. Nos gobernaba entonces como nos gobierna ahora. No era mejor ni peor que este gobierno del señor Tudela y Varela el gobierno del señor Riva Agüero. Era y es siempre únicamente el gobierno del señor Pardo.
         Fuerzas superiores e invencibles han cohibido ya el empecinamiento neutralista del señor Pardo. Se ha transigido con el deber de asociarnos a los pueblos de América presididos por los Estados Unidos. Se ha abandonado determinadas ideas absurdas de imparcialidad. Se ha convenido en que es indispensable que le exijamos a Alemania una reparación muy amplia por la ofensa a nuestro pabellón.
         Y se ha declarado:
         —¡Nos solidarizamos con los Estados Unidos!
         Pero se ha mantenido el empeño de no romper con Alemania. Se ha conservado la esperanza de que puede ser posible mancomunarse con los Estados Unidos permaneciendo neutral con Alemania.
         Ostensible es que el gobierno del señor Pardo ha llegado a todas estas transacciones muy a pesar suyo. El gobierno del señor Pardo habría querido continuar durmiendo el sueño de su neutralidad inflexible. No era el señor Riva Agüero quien sujetaba ni entrababa la entereza de la cancillería del Perú.
         El inventor de la neutralidad y de la solidaridad simultánea es el señor Pardo. El amigo del Káiser es el señor Pardo. El admirador de las grandezas y solemnidades de la corte alemana es el señor Pardo.
         El día en que el Perú rompa definitivamente con sus propósitos neutralistas, presionado por una gran coalición de intereses y de sentimientos, el señor Pardo pensará que ha sido derrotado y evocará tristemente la hora lejana de su entrevista con el Káiser bajo el cielo legendario de su rubia Alemania…


Referencias


  1. Publicado en El Tiempo, Lima, 12 de septiembre de 1917. ↩︎