4.30.. Cenit

  • José Carlos Mariátegui

 

         1El ministro de guerra ha tenido muy pronto oportunidad de vestirse públicamente de general de brigada. Y ha sido el uniforme de gala el que le ha tocado vestir. El uniforme de duelo nacional, como dice el general Canevaro.
         El ejército, la ciudad, el país entero ha visto uniformado de general de brigada y decorado con todos sus arreos de gala al general don Benjamín Puente. Un inmenso regocijo debe haber sido el del ejército, el de la ciudad y el del país al admirar con tan noble uniforme y tan nobles arreos al ministro de guerra.
         Y la guarnición de Lima ha constatado que al ministro de guerra le sienta bien el uniforme de general de brigada. No le es posible averiguar si le sienta bien el grado de general. Pero le basta con saber que le sienta bien el uniforme.
         Los reparos sobre la suficiencia, sobre los conocimientos, sobre la obra científica, sobre la preparación, son reparos insignificantes. Para constatar una capacidad militar sobra con constatar la elegancia del porte y la bizarría de la marcha. Un régimen pardista, aristocrático, linajudo y decorativista no puede tener criterio distinto.
         El general Puente está en el cenit de su vida política y militar. Le importa un ardite que se le haya comparado con el ilustre señor Pacheco, de Eça de Queiroz, que se haya negado su sabiduría y que se haya puesto en duda su austeridad. Tiene bastante para su satisfacción y regalo con que el ejército le presente las armas y le ofrezca champaña.
         Para que su apoteosis sea mayor, el celebrado periodista señor don Juan Pedro Paz Soldán ha escrito una máxima laudatoria en su obsequio. Ha enumerado todos sus heroísmos, ha recordado todas sus gallardías, ha exaltado todos sus denuedos y ha dicho toda su sabiduría. Y ha dado cabida a estas cosas en solo cuatro columnas de La Prensa. La ciencia de la síntesis es un admirable privilegio del señor don Juan Pedro Paz Soldán.
         Las gentes desconocían al señor don Juan Pedro Paz Soldán tan admirable suficiencia y tan vasta erudición en asuntos militares. Lo conocían y le celebraban todas sus esclarecidas virtudes. Lo conocían y le celebraban todos sus prodigiosos eclecticismos de diarista. Pero ignoraban tantas aptitudes y tantos conocimientos militares. La revelación del señor Paz Soldán como crítico militar ha causado estupefacción.
         Y hay preguntas de esta clase:
         —¿El señor Paz Soldán es militar acaso?
         Y hay quienes afirman que el señor Paz Soldán posee viejos despachos militares y que no sería raro que uno de estos días el gobierno del señor Pardo propusiera al congreso su ascenso.
         Porque lo indudable es que el comentario del señor Paz Soldán sobre el ascenso del ministro de guerra y sobre su calidad militar ha hecho honda impresión en el ánimo público. Ha puesto fin a todos los escepticismos y a todas las vacilaciones sobre la justicia del ascenso. Ha convencido a los más reticentes sobre la alta capacidad del ministro de guerra.
         Apenas si tiene un defecto el comentario del señor Paz Soldán. Y es un defecto de oportunidad. Ese comentario se ha producido con cierta tardanza. Si el señor Paz Soldán lo adelanta unos días habría tenido un éxito contundente y definitivo. No habría habido discusión sobre el ascenso del ministro de guerra…


Referencias


  1. Publicado en El Tiempo, Lima, 30 de octubre de 1916. ↩︎